¿Qué hago cuando mi hijo coge una rabieta?

El otro día estaba en el parque con mi hijo y cuando tocó irse montó una pataleta de campeonato. ¿Qué puedo hacer en esos momentos?

24 de noviembre de 2018, 14:00

rabieta infantil

El otro día estaba con mi hijo pequeño en el parque, ya llevábamos un buen rato y era hora de irse. Se lo dije y no quiso. "Un columpio más", dijo. Acepté y al final fueron tres, pero al final se puso como un loco. Empezó a patalear, llorar, se tiró al suelo... Me moría de vergüenza, de rabia y de impotencia. Sé que le pasa a muchos niños, pero solo lo he visto en el mío. Después me siento mal porque acabo chillándole y no me gusta. ¿Cómo lo puedo hacer?​

Este es un tema súper interesante: las rabietas infantiles. Cualquiera que tenga un niño o haya convivido con uno, le habrá pasado, ¡seguro!

Hay gente que dice que hay niños difíciles, pero yo creo que hay adultos impacientes o situaciones complicadas.

Normalmente las rabietas se dan porque no atendemos a lo que sucede en ese momento, estamos mas pendientes de otras cosas, del móvil, de la hora…y no de las necesidades del niño. Me explico: las rabietas pueden ser porque las necesidades del niño no están cubiertas o porque aún no sabe gestionar esos estados emocionales, no olvidemos que es una mente en construcción y que todo se va aprendiendo.

Hay necesidades básicas como dormir, comer y estar descansado que para un niño es fundamental. Un niño cansado o con hambre es mas susceptible de tener rabietas. A los adultos nos pasa lo mismo, pero solemos tener mas autocontrol. Así que lo primero es que esté descansado y sin hambre.

Los niños requieren atención, que estemos por ellos y de nosotros aprenderán en gran parte a manejar esos estados mentales. Digo en parte porque un niño tiene muchos modelos de donde aprender: los padres, la escuela, otros niños, modelos virtuales como personajes de pelis o cuentos… Padres, ¡no penséis que todo cae en vosotros! ¡No hay padres perfectos!

Esta atención la podemos mostrar viendo cómo juega en los columpios o escuchar lo que nos cuenta sin mirar el móvil.

Lo mejor para las rabietas es mantener la calma. Muchas veces el problema no es la rabieta en sí, sino su gestión. Es mas el descontrol que esto genera en los padres que lo que produce en el niño, como lo que te pasó a ti. Fíjate en cuántas emociones: vergüenza, rabia e impotencia…., centrémonos en cambiar eso.

Técnica que funciona: esperar tranquilos a que pase por todas las fases de la rabieta.

Ante cualquier rabieta, la reacción del adulto siempre ha de ser la misma: no gritar, no enfadarse y mantener la clama fría. ¿Cómo se hace? Cuanto más intentemos que nos haga caso, sobre todo gritando, seguramente menos lo hará. Una técnica que suele funcionar es la de esperar tranquilos a que pase por todas las fases: llorar, gritar, tirarse al suelo... Le podemos decir, solo una vez, con voz tranquila: "cariño, ¿qué te pasa?" o "¿qué necesitas?".

Otra opción es ponerse a su altura de la mirada, llamarle por su nombre y mirarle con calma. Esto tendrá un efecto positivo en él. Puede ser que diga que quiere jugar o que quiere irse. En ese caso podemos negociar, por ejemplo: “qué te parece si vamos a casa, cenamos y luego leemos juntos?”. Se sentirá atendido y bajará el enfado un grado, pero requiere tiempo. Nadie pasa de estar rojo de ira a estar tranquilísimo.

La rabieta es un momento estupendo para que el niño aprenda a poner nombre a lo que siente y a gestionarlo de forma diferente. En realidad es una oportunidad para crecer emocionalmente, así que no dejemos que nuestra prisa lo estropee. Es sembrar para recoger después. Normalmente, cuando el niño ve que su reacción de llanto y pataleo no tiene efecto contagioso, sino lo contrario, se va deshinchando como un globo.

Hay que aceptarlo: el niño tendrá rabietas en algún momento, son inevitables, igual que para los adultos es inevitable enfadarse. Son emociones básicas. Estar preparado para cuando pase es el mejor método para que el adulto no tenga otra rabieta como el niño. La forma de prepararse es entendiendo que lo único que está pasando es un enfado o una necesidad por cubrir.

Es una oportunidad de aprendizaje tanto para el niño como para el adulto, así que, ¡sin miedo!

Foto de Edi Libedinsky vía Unsplash

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