Ser feliz

Rafa Santandreu

Ser feliz

Soy psicólogo por la Universidad de Barcelona y me dedico al trabajo con pacientes, a la formación de profesionales de la salud y a la divulgación de la psicología dando conferencias. Soy autor de varios best sellers:“El arte de no amargarse la vida” , "Ser feliz en Alaska" o "Nada es tan terrible". Desde aquí, cada semana responderé a vuestras consultas. ¿Mi objetivo? Que podáis ser felices en cualquier situación, incluso contra viento y marea.Más información sobre mí.

Fallar es aprender

Cómo dejar de pedir perdón por todo

¿Cuántas veces has pedido perdón innecesariamente esta semana? Rafa Santandreu nos habla en este artículo sobre el perdón, la culpa y la responsabilidad, tres conceptos vitales para entender por qué pedimos perdón cuando realmente no debemos hacerlo.

Cómo dejar de pedir perdón por todo
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rafael santandreu experto
Rafael Santandreu

Psicólogo y autor del libro "Sin Miedo".

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Quiero hablaros del perdón, de qué es y de cómo se gestiona, un tema, a mi entender, imprescindible en psicología. Hace un tiempo recibí un correo electrónico de una antigua paciente que estaba muy agobiada. “Te escribo porque me siento culpable por todo, me da miedo equivocarme, hacer daño. Pido perdón constantemente, mis hijas me han dicho que me paso, que ya soy pesada, pero no lo puedo evitar. Me da tanto miedo que la gente se enfade conmigo, que me rechace... Estoy angustiada, me da miedo deprimirme. ¿Puedes ayudarme de nuevo?”.

Sufrir gratuitamente

La persona que me escribe está, claramente, sufriendo. Pero sufriendo de forma gratuita. Se preocupa demasiado, y eso no sirve para nada. Hay que conseguir dos cosas:

  • Lograr que no nos afecte lo que los demás piensen (o creemos que piensan) sobre nosotros.
  • Asumir responsabilidades y no culpas. Para lograr liberarnos del yugo de lo que los demás piensan, hay una solución contundente: renuncio a la aprobación de todo el mundo, renuncio a hacerlo todo bien y a hacer el bien a todos.

El significado de pedir perdón

¿Qué aporta pedir perdón? ¿Resuelve algo? No, porque mantiene la sensación de culpa. Pedir perdón compulsivamente solo sirve para sentirse peor, no mejor. Esto parece paradójico, porque mucha gente cree que hacerlo alivia, y puede que los tres primeros minutos sí, pero luego vuelve el bucle de la culpa. El malestar no se disipa por excusarse, sino por asumir que somos falibles y que pedir perdón no lo resuelve, solo me pone en una mala posición. No estoy obligado a ser perfecto, ni para mí ni para los demás. No estoy obligado a hacerlo todo bien, eso es ridículo porque es imposible. Es imposible y, además, sin fallo no hay aprendizaje.

Culpa versus responsabilidad

La emoción de la culpa tampoco sirve para nada, es basura. Es mucho mejor el concepto de sana responsabilidad. La culpa supone castigo, daño, algo irreparable, condena… La responsabilidad implica acción, reparación, solución y aprendizaje. Recordemos que cualquier mal tiene su reparación, por grande que haya sido. Por mucho que me equivoque, el mundo seguirá girando. Hay personas que creen que sentirse culpable es bueno, porque parece que incluye la toma de responsabilidad, que compensa. Pero no es así. Perpetúa la creencia de que no podemos equivocarnos ni ofender, y que en caso de hacerlo es un daño terrible para el otro. Eso es alimentar una idea rígida y loca. ¿Cómo no vamos a fallar? ¿Cómo no vamos a hacer daño? No penalicemos con castigo, sino con responsabilidad y aprendizaje.

Nadie puede hacer infeliz ni feliz a nadie

La idea de que hacemos daño es ilusoria. Nos sentimos culpables cuando sentimos que lo que hemos hecho es horrible, terrible, imperdonable. Y en realidad suelen ser cosas mínimas, porque nada es tan importante. Ni nosotros somos tan importantes ni lo que hacemos es tan importante. Tampoco necesitamos hacerlo todo correctamente, a la perfección, sin fallar nunca. Solo necesitamos entrenar nuestra mente para que sea más flexible y esté más dispuesta al aprendizaje. Hay que trabajar para tener una mente fuerte y que sea capaz de asumir los fallos propios y ajenos como lo normal, que incluso los vea necesarios para aprender y así mejorar las relaciones.

La reparación como solución sana

Una relación en la que la culpa es protagonista es una relación podrida, siempre cuestionada y amenazada, ya sea la que mantenemos con nosotros mismos o la que forjamos con los demás. Hay una opción muy sana a la que debemos recurrir: la reparación. Se trata de un concepto generoso y maravilloso para aplicar en nuestro día a día: si soy responsable de algo, puedo repararlo, responsabilizarme de ello de forma sana e inteligente.

¿Cómo lo hago?

  • Deja de pedir perdón sin pensar, solo sirve para sentirse peor.
  • Propón alternativas de solución que impliquen la acción.
  • Renuncia a la aprobación continua de los demás.
  • Asume que es imposible hacerlo todo bien.
  • Aprende de tus errores.
  • Repara y responsabilízate de lo que haces.

No estás obligada a ser perfecta, ni para ti ni para los demás, y no estás obligada a hacerlo todo bien.

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