Ser feliz

Rafa Santandreu

Soy psicólogo por la Universidad de Barcelona y me dedico al trabajo con pacientes, a la formación de profesionales de la salud y a la divulgación de la psicología dando conferencias. Soy autor de varios best sellers:“El arte de no amargarse la vida” , "Ser feliz en Alaska" o "Nada es tan terrible". Desde aquí, cada semana responderé a vuestras consultas. ¿Mi objetivo? Que podáis ser felices en cualquier situación, incluso contra viento y marea. Más información sobre mí.

di lo que sientes

Aprender a poner límites a los demás

Es muy necesario perder el miedo a comunicarnos y expresar lo que sí queremos y lo que no queremos.

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rafael santandreu experto
Rafael Santandreu

Psicólogo y autor del libro "Sin Miedo".

Actualizado a

Las relaciones humanas están cambiando a raíz de la pandemia. Algunos cambios son sutiles, y otros, más evidentes, como el contacto físico, las reuniones… La mascarilla además dificulta la comunicación no verbal, nos tapa una información que es tan imprescindible como inconsciente en las relaciones, y no queda otra que adaptarse y evolucionar en esta nueva etapa.

Relacionarnos para conocernos

A mi modo de ver, las relaciones humanas son maravillosas, tan vivas, tan cambiantes, ¡tan llenas de colores emocionales! En una relación podemos sentirnos de muchísimas maneras diferentes y eso es genial porque es una muestra de que estamos en contacto con esa persona. Sentimos, nos cuestionamos, pensamos. ¿Quién no se ha quedado en bucle alguna vez después de un comentario?, ¿quién no se ha emocionado al empatizar con otro?, ¿quién no ha agradecido un hombro en el que apoyarse? De las relaciones aprendemos. Es la mejor herramienta para conocerse a uno mismo.

¿Son necesarios los límites? Si lo son, ¿para qué?

Hay una situación que es muy habitual y necesaria en las relaciones y es el hecho de poner límites, límites que nos permitan relacionarnos con alegría y tranquilidad con los demás. Saber frenar a tiempo evita muchos accidentes.

Esto me quedó claro gracias a Luis. Era un paciente que no caía bien y él no sabía por qué. Era muy chistoso, muy hablador y emprendedor. Venía porque decía que algo le pasaba a la gente que no entendía su sentido del humor. Se iba quedando cada vez más solo y no lo entendía, estaba frustrado. Se quedaba perplejo de que la gente le evitase. Me pareció un caso fascinante, porque ciertamente parecía muy desenvuelto.

Empezamos a vernos y cada vez que venía a consulta hacía un comentario en tono de broma, pero feo, del tipo “vaya despacho, Rafael, se nota que ganas cuartos, ja, ja, ja” o “vaya decoración, ¿a ti te gusta, de verdad?”. En un primer momento, no le di importancia, pero se iba repitiendo cada vez que venía.

Decir lo que tú sientes puede ofender, pero…

También lo hacía en otras situaciones. Según contaba, intentaba acercarse a los demás queriendo caer bien, confundía que le diesen la mano con coger el brazo, así que lo que lograba era resultar invasivo. Tuve que abordarlo directamente. Le dije “mira, Luis, te pasas, no eres gracioso y tus comentarios pueden sonar ofensivos. Vamos a trabajar en una forma más adaptativa y práctica”. Al principió se ofendió, pero cuando vio que él también estaba más cómodo sin la necesidad de ser gracioso, estuvo encantado. Aceptó el límite como respeto.

La mejor comunicación es comunicar

La mayor dificultad que suele encontrar la gente para poner un límite es pensar demasiado en decirlo muy bien, es decir, que suene todo muy correcto, que el otro no se ofenda, no resultar muy agresivo, ser simpático… A veces, son demasiadas condiciones.

Lo importante es comunicar lo que queremos y pedir el cambio que queremos. Pedir es lo más importante. La gente considera que transmitir lo que nos molesta es suficiente para que el otro deje de hacerlo, craso error.

Es absolutamente necesario pedir lo que queremos que haga o lo que no queremos que haga. Por ejemplo: “Pepa, para seguir llevándonos bien y como te aprecio muchísimo, a partir de ahora no te voy a dejar más mi móvil, así que deja de pedírmelo, por favor”.

Da igual que sea por whats o mensaje, no hace falta el cara a cara. No seas perfeccionista a la hora de comunicar. Decirlo por escrito es una forma tan buena como otra de decirlo. No perdamos el foco, si no comunicamos no creamos oportunidades de cambio.

Aprender a poner límites es sumamente útil y necesario para poder establecer unas relaciones humanas de calidad. Poner límites es poner amor y cuidado, es repartir la responsabilidad en la relación con la otra persona.

¿Cómo pongo límites?

Para poner límites, ten esto en cuenta:

  • Di lo que quieres.
  • Di lo que sientes.
  • Asume que el otro puede o no hacer cambios.
  • Concreta lo que le pides a la otra persona.
  • Plantéate qué pasa si no lo hace.
  • Comunícate por escrito o en persona, pero comunica.
  • Felicítate por haberlo hecho (sea cual sea la respuesta).

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