Psicología

Disfruta de las fiestas

Cómo pasar del "Odio la Navidad" a "¡Me encanta!" en 10 pasos

Tenemos una guía infalible para que te reconcilies con estas fiestas, haciéndolas tuyas y viviéndolas (bien) a tu aire.

chica taza odiar amar la navidad

Si eres de las que el 20 de diciembre les gustaría meterse en una máquina del tiempo y acelerar hasta el 8 de enero porque no puedes con la Navidad, no soportas el tener que pasarlo bien "porque toca”, hacer regalos que dejan temblando tu cuenta corriente, comer hasta reventar e ir de aquí para allá encadenando compromisos… respira hondo.

Cuando hayas soltado aire, trata de ser realista. La Navidad está en todas partes, es difícil “saltársela” a no ser que te vayas de viaje (y depende de qué destino escojas). Si no puedes, prueba a relajarte y haz tuyo aquello de "si no puedes con ellos, únete". Pero no se trata de una rendición sin condiciones. Te contamos cómo pasar del "Odio la Navidad" a "Me encantan las fiestas" haciéndolas tuyas, centrándote en lo positivo y disfrutando del momento.

1. Respirar para reducir tu nivel de estrés

Te conoces como nadie. Cuando notes sensación de agobio, respira hondo. Imagina que cada vez que coges aire te llenas de energía y luz, y cuando lo sueltas te vacías de problemas y oscuridad. Lo puedes aplicar en la cola para comprar lotería, en la mesa junto a tu cuñada, en la tienda cuando rezas para que el de delante no se lleve el último ejemplar de ese juguete que está marcado como lo más importante de tu lista…



2. Acortar la lista de tareas

¿Tienes que hacerlo todo tú? ¿De verdad? No puedes ser el perejil de todas las salsas. Tampoco esperes que los demás te lean el pensamiento o se pongan en tu lugar. Si no lo dices, nadie sabe que esperas que te tiren un capote. Así que cuando la situación amenace con desbordarse, busca a quien pueda echarte un cable y repartíos las tareas.



3. ¿Horas en la cocina y ni se fijan en lo que comen?

¿Te da rabia que no valoren las horas que has pasado en la cocina? “Pica” a tus invitados para que descubran un ingrediente “secreto” en tus recetas (¿y si es el amor con que lo has hecho?). Pondrán toda su atención. Y lo mismo con la decoración de la casa o los regalos. ¿Que los abren y los arrinconan sin más? Pon los regalos en una caja dentro de otra caja y de otra más… No podrán pasarlo por alto. O haced un bingo de regalos. Así cada uno que ganen sabrá a victoria y será especial.

4. Dedicarte tiempo de calidad

La Navidad no te gustará nunca si solo es sinónimo de obligaciones. En cambio, si está llena de momentos para ti, para tus ilusiones o tus "no quiero hacer nada", llegarás a amarla. Así que recuerda que te mereces tu tiempo y no tienes por qué “ganártelo”. No tiene que estar todo listo y a punto para poder dedicarte unos minutos a ti. Resérvate un espacio diario para hacer lo que más te apetezca, sin tener que correr para llegar a todo y atender a todos.

5. Ordenar y decorar es relajante

¿Por qué no hacer tú los adornos de Navidad? ¿O crear tus propias postales? Estar en un espacio ordenado y bonito es el mejor calmante natural y si, además, no te va el consumismo de estas fiestas, es tu modo de combatirlo y de estar más en paz con tu forma de ser. En cuanto a los regalos, aplica la misma regla. Puedes crear un regalo perfecto, por ejemplo, con un cheque de vales en el que regales un masaje, unas horas de canguro o lo que creas que puede desear la otra persona.

6. No te lleves los problemas a la cama

Si te acuestas pensando en las tareas pendientes no descansas. Escribe un plan en un papel y cuando lo tengas, dóblalo e imagina que tu mente se desconecta. No vuelvas sobre estos pensamientos. Y si la presión por llegar a todo sigue sin bajar, piensa que el mundo no se acaba por un besugo más seco de lo que sería ideal o un regalo que no se encuentra en las tiendas. Si ese regalo no está para Navidad, puede llegar para un cumpleaños o en otra ocasión. No hay nada de todo esto que vaya a parar el mundo, así que, que no pare tus horas de sueño.

7. No al “da igual, para mí cualquier cosa”

No digas que tener o no regalo no te importa. Sinceramente, ¿te gusta que no tengan ningún detalle contigo? ¿No esperas que te cuiden como tú cuidas? Pues no niegues lo que espera tu corazón y sé sincera, pide por esa boquita y si no se te ocurre nada, inspírate con nuestra selección de regalos bonitos.

8. Haz de lo cotidiano algo extraordinario

Imagina que tu tatarabuela viaja en el tiempo y le enseñas tu casa. ¿Cómo sería para ella poner una lavadora? Pues se trata de eso, de convertir las cosas cotidianas en algo fuera de lo normal. ¿Que te harta ir siempre a casa de unos para Nochebuena y a la de otros para Reyes? Pues trata de ver qué extraordinario es que cada año os sigáis reuniendo a pesar de todo, de cómo se esfuerza el anfitrión en hacer las cosas, etc. Busca el lado positivo (y maravilloso) de lo que te parece una rutina farragosa.

9. Cómo crear tu propia Navidad

Si después de todo lo que hemos dicho todavía no te hemos convencido, ve más allá. Analiza cómo han sido tus fiestas en el pasado y cómo te hacían sentir. Ayúdate de las preguntas que te hacemos a continuación. A partir de aquí, intenta descubrir cómo quieres que sean tus Navidades. Toda decisión fruto de una reflexión consciente es más fácil de poner en práctica. Y también es mucho más honesta. Da igual si tu Navidad particular es diferente. Lo importante es que sea tuya y conecte con lo que tú realmente deseas.

  • ¿Qué es lo que más te gusta de la Navidad?
  • ¿Qué te gustaría cambiar si pudieras?
  • ¿Hay algo que sientes que haces por “obligación”, no porque quieres?
  • ¿Cuáles son tus inquietudes y tus miedos respecto a las celebraciones?
  • ¿Hay algo de las Navidades de tu infancia que quieras rescatar?

10. Cuando acaben, agradece lo que has vivido

Dar las gracias nos ayuda a buscar lo bueno de lo que hemos vivido: por haber estado todos juntos, por la alegría de ver la cara de los niños al desenvolver regalos... Intenta también destacar algo bueno de cada persona con la que hayas pasado las fiestas, incluso de aquellas con las que la relación no sea tan fácil, así tu concepto de ellas cambiará. ¿Han mejorado aspectos que te estresaban o entristecían? Alégrate. ¿Hay algo que todavía te estresa o irrita? Acepta este sentimiento y piensa en qué cambiar para las siguientes Navidades.

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