Ser feliz con Rafa Santandreu

"Tengo complejo de fea"

Los complejos nacen cuando tenemos el sistema de valores "desajustado". Cuando descubres qué es realmente importante para ti, los complejos desaparecen solos.

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Voy a confesar aquí algo que me resulta muy difícil. Tengo 35 años y prácticamente toda mi vida adulta he tenido un fuerte complejo de fea. Realmente creo que soy muy fea; no es algo que me invente. Especialmente de cara, no soy nada agraciada. Alguna vez he oído comentarios por la calle referidos a mí del tipo: “¡Qué adefesio es esa chica!”. Por supuesto, no tengo pareja y mi autoestima es bajísima por esta causa.

Casi todas las personas –¡si no todas!– hemos tenido algún complejo a lo largo de nuestra vida. ¡Es típico! Nosotros vemos muchos en nuestras consultas. Por ejemplo, el complejo de tener el pene pequeño, en los hombres, o los pechos pequeños, en las mujeres.

Todos los complejos son fruto de una errónea concepción de lo que es importante en la vida y lo que no lo es. Una vez aclaramos ese sistema de valores, los complejos desaparecen por sí solos.

Y, en relación a tu problema, atenta a lo que voy a decir ahora: ¡para la felicidad, no importa en absoluto la belleza física! ¡Nada!

En la sociedad actual se da una importancia loca a ese atributo y eso provoca muchos problemas. Pero que sepas que jamás nadie ha conseguido un ápice de felicidad por ser hermoso.

La felicidad depende solo de una cosa: “del amor por la vida y por los demás”. Si tienes mucho de eso, tú podrás ser inmensamente feliz; si no lo tienes, no lo serás. Así de simple.

Te voy a dar pruebas de que esto es así. Yo he tratado en terapia a muchísimas personas muy bellas y también muy desgraciadas… Dime, ¿la hermosura les dio la felicidad? ¡No! Por otro lado, conozco a cientos de personas netamente feas, encantadas de la vida, felices hasta el éxtasis. Eso demuestra que no necesitamos hermosura para tener una vida plena.

Cualidades trampa vs. cualidades auténticas

A mí me gusta decir que existen “cualidades trampa” y “cualidades auténticas”. Las “trampa” son la belleza, la inteligencia, la extroversión o la eficacia, entre otras. Y las “auténticas” son solo la capacidad de amar a la vida y a los demás. Las “cualidades trampa” son un peligro, porque tendemos a darles demasiada importancia y a trabajar mucho en ellas, cuando en realidad no dan satisfacciones reales y profundas. Son una pérdida de tiempo.

Para resolver tu complejo lo único que tienes que hacer es trabajar mentalmente para convencerte –en profundidad– de que la belleza no tiene ninguna importancia y que tú puedes ser inmensamente feliz al margen de ella.

Haz como las personas fuertes y felices de verdad, que cultivan la virtud del amor por lo que hacen y por la gente y eso les da todas las fuerzas para tener una vida alucinante.

Piensa que la vida nos está esperando ahí afuera para que disfrutemos increíblemente de ella y la única manera de lograrlo es cultivar las cualidades “auténticas” y dejar de lado las “falsas”.

Una última prueba: yo soy un gran seguidor de Stephen Hawking, el científico en silla de ruedas. Fíjate en que él no es muy guapo y, sin embargo, es muy feliz. O piensa en Mahatma Gandhi, otro de los grandes. Tampoco era nada agraciado y vivía una vida de plenitud bellísima. Tú, ¿de qué club quieres ser? ¿Del de Gandhi o Hawking, personas fuertes y felices? ¿O del club de las personas superficiales que valoran tonterías como la belleza física y otras chuminadas?

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