El 16 de abril de 1973, un imponente coche avanzaba a toda velocidad por la carretera N-III. Su conductor pisaba el pedal del acelerador con entusiasmo y ganas. No era para menos. Le espera la gloria. Había salido de Valencia y Madrid era su destino. Grabar un nuevo trabajo discográfico, su objetivo. Nino Bravo era una estrella de la música y sus planes de ascenso parecían imparables.

Lamentablemente, nada de eso pasará. No habrá nuevo disco, ni giras por América, ni siquiera llegará a conocer a su segunda hija. Sus ilusiones, proyectos y planes se harán añicos a la altura de Villarrubia, en la provincia de Cuenca; donde su coche, en el que además viajaban otros tres compañeros de profesión, sufrió un fatal accidente que se saldó con la vida del valenciano. El BMW se salió de la carretera, dio varias vueltas de campana y su conductor falleció en el acto. La existencia de Nino Bravo acabó en ese instante y la de su jovencísima familia encabezada por su mujer María Amparo Martínez Gil se vio truncada para siempre.

Una carrera fulgurante

Su nombre real era Luis Manuel Ferri Llopis, pero todos lo conocimos por ese nombre de tremenda sonoridad, que invocaba a una voz profunda y perfectamente afinada. Nino Bravo vino al mundo un calurosísimo 3 de agosto de 1944 en Ayelo de Malferit, Valencia, y se fue de él cuando la primavera despuntaba en La Mancha. Falleció a los 28 y con una de las carreras más breves pero exitosas de la canción española.

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Sus temas no eran simples temas, eran himnos. Noelia, Un beso y una flor, Libre… despuntó como vocalista de diferentes bandas y la industria no tardó en fijarse en él. Tenía el talento y la voz, pero debía dar el paso en solitario. Luis Manuel se tuvo que quedar en un segundo plano, ante el ascenso meteórico de Nino.

En 1970 se presentaba como candidato a representar a España en el festival de Eurovisión (lo haría otra vez más) y el país enloqueció con su voz. No sería el representante oficial pero, sin duda, se convirtió en el favorito de todas y todos.

Nino Bravo, boda secreta y bebé en tiempo récord

Dicen que éxito en el trabajo y en el amor son conceptos difíciles de conjugar, pero lo cierto es que en el caso del artista se dieron a la par. El pico de su carrera también coincidió con el cénit de su vida personal. Nino Bravo conoció a María Amparo Martínez Gil en una discoteca, cuando les presentó el periodista Guillermo Ortigueira. Ella sería su primer y último amor. Se instalaron en Valencia y él le pidió matrimonio a través de su música. “Para Mari, mi único y verdadero amor; con propuesta de matrimonio, ¿sí o no?”, le dejó escrito en la funda de su disco ‘Te quiero, te quiero’. Ella tenía clarísimo qué iba contestarle de vuelta.  

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El 20 de abril de 1971, Nino Bravo se casó con su amadísima Mari en una boda secreta y de lo más discreta; un enlace que respondía a la perfección al estilo reservado de la pareja. Fue algo íntimo y pequeño; una unión sorpresa a la que, por no estar, no estuvieron invitados ni los padres de ella. El ídolo de masas se casaba con la hija de un importante abogado, Miguel Mira, pero este no había recibido en casa el ‘tarjetón’. Nueve meses después del ‘sí, quiero’, nació la primera hija del matrimonio, María Amparo. No tenían tiempo que perder.

Nino Bravo lo quería todo y más. Estaba en racha y sabía que debía aprovechar el gran momento que atravesaba. Había que trabajar sin descanso y pensar proyectos alternativos para cuando el furor se pasara. Lo tenía todo calculado. Quizás por eso coqueteó con la idea de ejercer de padrino y manager de otros artistas, como el Dúo Humo, quienes también le acompañaban en su último viaje.

Eva, la hija que no llegó a conocer a su padre

Y mientras su apretadísima agenda le dejaba algo de tiempo, los planes con Mari también iban en aumento. Los proyectos que iban a hacer juntos una vez todo se hubiera tranquilizado prometían el mejor de los futuros. Y así, entre parones de giras y descansos tras el show, surgían los tiene que ser así porque ya sabes cómo es la vida del artista, los busquemos otra casa, los vamos a por otro bebé, no queremos que Amparito crezca sin un hermano o una hermana… Y a todo que sí. Porque su vida iba a ser simplemente fantástica. Tenían todos los ingredientes para ello.

Aquel abril de 1973 Nino Bravo no solo estaba entusiasmado por todo lo que iba a hacer con su carrera, sino porque iba a ser padre de nuevo. María Amparo estaba embarazada de otra niña y la pequeña ya se movía en el interior del vientre de su madre con cada nota de ‘América’. El artista no la llegaría a conocer. Eva vino al mundo siete meses después de aquella fatídica mañana del 16 de abril de 1973, cuando su padre, en lugar coger el avión como pensó en un primer momento, se subió a su coche.

El 16 de abril de hace 51 años el nombre de Nino Bravo se asoció a tragedia. María Amparo Martínez Gil quedaba viuda siendo una veinteañera y con dos bebés a su cargo, uno de un año y uno aún nonato. Su vida también había quedado hecha añicos. Las imágenes del multitudinario funeral del artista mostraban a la joven, completamente rota por el dolor, abrazándose al ataúd de su marido.

Pero se recompuso. No podía quedarse estancada en el dolor, no era justo para ella pero, sobre todo, no lo era para las dos pequeñas. Trataría de mantener viva la memoria de su padre mientras las tras avanzaban hacia delante. No estancarse no significa no honrar las raíces de uno, una lección que María Amparo siempre les ha querido transmitir a sus descendientes. Y a ello han dedicado gran parte de sus vidas. Tanto Amparo como Eva fueron conscientes desde niñas del hombre que fue su padre, de su talento y de todo lo que hizo por la música melódica. De ahí que siempre hayan estado involucradas en mantener vivo su legado.

Así son las vidas actuales de las hijas y viuda de Nino Bravo

Manteniendo la misma estela de discreción que siempre rodeó al artista, su familia ha seguido en un segundo plano. De Mari apenas se sabe nada. A Nino no le gustaba hablar de su vida privada y su viuda ha mantenido la misma línea. No le gusta participar en los homenajes a su esposo, algo que les deja a sus dos hijas, especialmente a la pequeña, que heredó la vena artística de su progenitor.

Que Mari siguiera adelante con su vida fue un acto de profundo amor por sus hijas; pero la pena por la trágica pérdida de su marido aún la lleva consigo. Una herida difícil de sanar que, quienes la conocen, aseguran mantenerla en lo más profundo de su alma y lidiar con ello en silencio.

Amparo y Eva son los rostros de la memoria viva de Nino Bravo. Las dos hermanas están muy implicadas en la tarea de participar en homenajes y actos dedicados a recordar la herencia musical que este dejó; y la pequeña hasta ha hecho sus pinitos en el mundo de la canción, haciendo sus propias versiones de algunos de los temas que popularizó su padre. En los últimos años, esta también se ha relacionado con el mundo de la política. En 2019 aparecía en las listas de Ciudadanos al Ayuntamiento de Valencia. 

Ahora, ellas también son madres. Nino Bravo sería abuelo de tres estupendos nietos, Sergio, Marta y Luis; que también conocen sus temas y le admiran. Y es que, como dice Eva, su padre "murió hace medio siglo, pero su presencia se siente en casa, siempre ha estado con nosotras". El auténtico legado de Nino Bravo es su familia