CLARA LOVE

"La mirada de Gael", relato de Yolanda del Agua

Este es uno de los relatos románticos ganadores del mes de diciembre.

Actualizado a

Actualizado a

la mirada de gael relato diciembre

Me gusta mi pueblo, es un pueblo pequeño, pero con eso me sobra. Mi mundo está aquí, mi familia, mis vecinos, el trabajo, sus paisajes. Mi madre es una persona muy seria y con un corazón a la vez enorme. Mi padre, todo lo contrario; un hombre agradable, cariñoso, bondadoso y que me pica con su barba al atardecer cuando llega al banco del zaguán y se quita sus botas polvorientas. Revoloteando como una mariposa, voy corriendo a saludarlo.

Allí, llegan mis hermanos: Damián, Evaristo y Gabriel. Gabriel no es mi hermano, pero como si lo fuera, ya que era el hijo de mis vecinos. Estos murieron cuando se incendió la casa. Mi familia lo acogió y es como uno más de la familia. Gael, como mi madre lo llama, es alto, delgado y con ganas de trabajar, nunca se enfada y nada le parece mal. Cuando entra con mis hermanos al atardecer me hace rabiar tirándome de la coleta o quitándome una pinza del moño. Todo esto con una gran sonrisa. Mis hermanos entran y simplemente se quitan sus zapatos sucios del campo y pasan a asearse un poco en la pila del corral. La comida ya está lista, ya que mi abuela, mi madre y yo la hemos preparado durante el día. “Cuando no hay trabajo en el campo, en este pueblo es labor de mujer quedarte en casa”, repetía mi abuela por las tardes cuando cosíamos el ajuar.

Nos sentamos a la mesa, mi padre primero y luego metódicamente cada uno en su lugar. La perola de barro humea, las lentejas desprenden todo su olor cuando se destapan. Están hechas a la lumbre, a fuego lento como estos días que me resultan eternos hasta que llegamos a sentarnos todos juntos a la mesa. Entre el humo de la cazuela y el murmullo de mi abuela preguntando a mis hermanos, me encuentro yo mirando a Gael. Sus ojos, su nariz, su boca, su sonrisa…

–¡Juana! Deja de embobarte y come que las lentejas son para hoy. –Y así de repente bajo de mi nube, en la que subí entre el vaho de las lentejas en el centro de la mesa.

–Queman, están muy calientes.

–Pues sopla y come. –Lo que me quema está dentro de mí. Es la mirada de Gabriel y cómo me sonríe.

Yolanda del Agua Burgos

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Clara?