Ser feliz

Rafa Santandreu

Soy psicólogo por la Universidad de Barcelona y me dedico al trabajo con pacientes, a la formación de profesionales de la salud y a la divulgación de la psicología dando conferencias. Soy autor del best seller “El arte de no amargarse la vida” y de "Ser feliz en Alaska", mi último libro. Desde aquí, cada semana responderé a vuestras consultas. ¿Mi objetivo? Que podáis ser felices en cualquier situación, incluso contra viento y marea.

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No me sale nada como espero

¿A menudo tus expectativas no se cumplen? Te doy las claves para tener más cintura y saber aceptar los cambios de la vida.

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Rafa Santandreu

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nada sale como me espero

En los últimos meses he podido escuchar a mi alrededor diferentes opiniones sobre la situación actual y cómo lo ha llevado cada persona; sobre todo, lo que más me ha fascinado es cómo cada persona ha afrontado los cambios, esperados o totalmente inesperados, que le ha tocado vivir.

Tantas realidades como personas

Me asombra cómo cada mente genera una actitud diferente. Cómo cada persona vive su realidad según su percepción. Cómo, una vez más, el cómo te lo cuentas define quién eres y cómo vives.

Ha coincidido que en estas semanas he visitado a pacientes que parecían tener un lema en común: “Rafael, estoy destrozado, ¡nada me sale como espero!”, acompañándolo con un gesto de rabia e impotencia. Yo respondo “¿Y qué esperabas exactamente?”, y he aquí que comienza una lista de deseos, de expectativas, de previsiones… que este año, muchísimo más que en otras ocasiones, la Vida ha cambiado, ha dado un giro, recordando que tiene sus planes y que nosotros somos seres vivos que tienen que adaptarse. O bloquearse.

La supervivencia es adaptación y aceptación

Me gusta mucho Darwin y hay una frase que me entusiasma por lo acertada y real que es: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Brillante. Eso es lo que hay que tener presente: la vida es cambio, nosotros somos cambio. Se nos olvida que rara vez las cosas salen como uno tiene previsto, aunque hay muchas personas adictas al control de sus vidas y un poco a las de los demás. Híper control de las situaciones, de las personas… Tener un horario muy estructurado, planes siempre en vacaciones, sitio reservado para cenar… La mente, llenita de escenarios previstos. Sin huecos para la espontaneidad y la creatividad.

¿Adicta al control? ¿Adicta a la queja continua?

Mi amiga Teresa, súper fan del control, este año iba a cambiar de trabajo y con él, de ciudad; pero no fue así porque nos confinaron… Marcha atrás a la mudanza. Y ella decía: “Bueno, Rafael, las cosas son así, a todos nos afecta”. Pensé: “Vaya, ¡qué bien se lo toma!”. Este año se iba de vacaciones a Tailandia, viaje soñado por ella. Cancelado. Teresa empezaba a decaer: “¿Esto también? ¡Encima sin vacaciones! Era el año perfecto ¡y mira!”. Vaya, ya no lo llevaba tan bien… Se fue a Cadaqués. Todos le decíamos: “Oye, ¡que al menos has tenido vacaciones!”. Los que la conocemos sabemos que ella no se quejaba más por vergüenza, no porque no lo pensara.

La queja solo lleva al abatimiento y a la frustración

Este año celebraban las bodas de oro de sus padres en septiembre y… ¡cancelado! Teresa ya no sabía dónde agarrarse, el “mal de muchos, consuelo de todos” ya no le servía. Se decía una y otra vez “¡Nada me sale como espero!” y empezaba con un discurso lleno de quejas y abatimiento. Cuando llevaba casi una hora así, le dije: “Teresa, eres muy pesada, para ya. La queja no cambia nada y, en cambio, tienes grandes oportunidades de ser feliz. Nada sale como esperas porque ese plan está solo en tu cabeza. Nada está garantizado. Solo tienes expectativas. La vida te trae realidades y está en tu mano vivirlas lo mejor posible o frustrarte porque tu deseo no ha salido. Esta es tu elección”.

Siempre podemos elegir cómo vivirlo

Y seguí diciéndole: “Si eres lista, como lo eres, te adaptarás al cambio, como persona flexible y en evolución. Podrías crecer, podrías sacar buenas conclusiones de lo inesperado. Si te frustras, ok, no pasa nada, vive tu frustración, pero dedícale poco tiempo. Te diría que no más de 15 minutos y luego resuelve, encárgate de sacarle el máximo partido al cambio, adáptate”.

Y lo que le dije a Teresa vale para todos: la felicidad no te la dan las cosas que tienes o que todo salga como tú esperas, sino tener una mente abierta y flexible que te permita vivir lo que pase de la mejor forma posible. ¡Móntatelo bien!

¿Cómo lo hago?

  • Acepta que lo que pensabas que iba a pasar no existe ya.
  • Adáptate lo mejor posible a la nueva situación: piensa cómo aprovecharla.
  • Ponte cómoda para los cambios: la vida es cambio, espéralo.
  • Si te frustras, para, descansa y retoma. Hazlo breve.
  • Pregúntate si todo fuese como esperas, ¿sería lo mejor?
  • ¿Qué puedes aprender de esto que te pasa?

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