CUESTIÓN DE CONVIVENCIA

Me he ido a vivir con mi novio y es un horror, ¡parezco su madre!

El psicólogo Rafa Santandreu aborda el tema de la convivencia en pareja y cómo sobrevivir a ella.

Por Rafa Santandreu | 30 de marzo de 2019, 07:00

prolongar el placer 15

Mi chico y yo llevábamos un año saliendo y por fin pudimos irnos a vivir juntos. Yo estaba muy emocionada y él también. Ahora llevamos unos meses conviviendo y ¡esto es un infierno! Me siento como su madre, detrás de él todo el día y diciendo lo que tiene que hacer. He pensado en dejar la relación, pero le quiero y no sé que hacer. ¡Estoy desesperada!

La convivencia y sus menesteres es uno de los temas estrella de las parejas. En la convivencia sale la verdadera pareja, la verdadera relación. Mientras cada uno está en su casa, no hay necesidad de llegar a acuerdos y de compartir. Lo que ahorra conflictos, pero también resta la experiencia de conocer realmente al otro. Lo que te está pasando es muy común.

En vuestra convivencia ahora sois 3: tú, él y la exigencia. Esta exigencia de que las cosas sean de una manera determinada es la que se carga la relación. Son exigencias que en el fondo no son tan importantes. Muchísimas veces he podido ver en parejas amigas, en pacientes e incluso en mi propia piel, como lo que hunde el barco ha sido el querer imponer un criterio, una exigencia de que las cosas sean “normales, como tiene que ser”.

Ese criterio es sólo una forma de hacer las cosas. Tu pones la lavadora de una forma y tu pareja de otra. Las dos están bien. Son diferentes y una no es mejor que otra. Así con todo.

Claves para mejorar la convivencia en pareja

  1. Ponte en modo funcional: Ponerse en modo funcional significa ir a lo práctico, por ejemplo en lugar de pensar: “Ya le vale, una vez más no ha puesto la lavadora como le dije y no ha separado los colores... es un inútil y me tiene harta”; pensar sencillamente: “Me hubiese gustado que ponga la lavadora de otra forma, pero lo importante es que tengo la ropa limpia, que es lo que quería”. Es decir, lo importante es que este hecho, el cómo se hace, el método, no importa tanto.
  2. Amor, amor y amor. Rápidamente estas discusiones se convierten en reproche y esto nunca mejora la situación, en cambio, si aprendemos a sugerir con amor, veremos cambios asombrosos. Por ejemplo: “Cariño, eres un sol y veo que te esfuerzas un montón, lo haces de diez y ya sería de matrícula de honor que pusieras la lavadora, pero si no lo haces, te querré igual”. Es difícil no poner la colada después de esto.

Es importante que puedas hacer un trabajo de aceptación incondicional hacia él o valorar separarte si para ti es tan tan importante tu propia manera de hacer las cosas.

Es una situación fantástica en la que poder aprender a llegar a acuerdos, a flexibilizar algunas leyes mentales de lavadoras y calcetines y poder ir construyendo vuestro espacio común. A veces ayuda mucho poder repartir tareas, si a uno le gusta más planchar que se encargue de eso. Se puede poner todo mucho mas fácil si no nos lo tomamos tan en serio.

No eres su madre, no te comportes como si lo fueras.

Retoma las cosas buenas de la convivencia, vuelve a poner el foco en lo importante. Vivís juntos porque queréis, es un acto de plena libertad y que el objetivo es disfrutar. Salid, pasadlo bien, haced el amor…¡es vuestra casa!

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