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Seis costumbres españolas de belleza que en otros países se ven raras

Hay gestos de belleza que la mayoría de las españolas hemos interiorizado y que no terminan de cuajar en otras partes del mundo. ¿Quieres saber cuáles son?

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Esther G. Valero

Periodista especializada en temas de lifestyle, belleza y fitness.

Actualizado a

Los hábitos de belleza varían mucho de unos países a otros. Crecemos viendo cómo nuestras abuelas y nuestras madres se cuidan y terminamos reproduciendo e interiorizando sus rutinas casi sin darnos cuenta. Llevamos tanto tiempo mimando nuestro aspecto de la misma forma que no nos planteamos que nuestros hábitos “beauty” puedan ser diferentes a los de otras mujeres. Pensamos que la forma de cuidarse “made in Spain” es la única que existe. ¡Pero no! Los estereotipos de belleza no son los mismos en todos los rincones del planeta. En cuestión de belleza no hay reglas universales. Hay costumbres de belleza españolas que no funcionan en otros países. ¿Quieres saber que rutinas no cuajan fuera de nuestras fronteras? Sigue leyendo…

Nos depilamos prácticamente todo el cuerpo

Las españolas no somos demasiado amigas del vello corporal. Algunas mujeres tratan de huir de estereotipos y convencionalismos, y dejan de recurrir a métodos de depilación, pero la gran mayoría prefiere quitarse el pelo de prácticamente todo su cuerpo en busca de una piel suave, lisa y libre de imperfecciones. Esto no ocurre en todas partes. Las mujeres japonesas no son tan partidarias de la depilación. Es cierto que las asiáticas no tienen demasiado vello, pero el que tienen no suelen eliminarlo, entre otras cosas, porque consideran que crece en función de proteger ciertas zonas. Donde hay pelo, hay alegría...

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Camuflamos nuestras canas

La “grey transition” es una tendencia al alza. Dejarse crecer las canas es una filosofía que cada vez cuenta con más adeptas que no quieren ser unas esclavas de las peluquerías. No obstante, en España solemos optar por camuflarlas por una cuestión de coquetería: tenemos el convencimiento de que el cabello blanco (o gris) nos pone años encima y nos resistimos a envejecer estéticamente. Esta costumbre viene de lejos. Ya en la Edad Antigua, egipcios, romanos y griegos ya teñían sus cabellos con diferentes técnicas. Tampoco es un hábito únicamente nuestro; lo compartimos con un montón de civilizaciones. Sin embargo, hay excepciones. En algunas tribus las canas son consideradas un signo de experiencia y sabiduría, por lo que las melenas blancas se exhiben con gran orgullo.

Dormimos la siesta

Es posible que no lo consideres un hábito “beauty”, pero echar una cabezadita después de comer es una tradición “typical spanish” que tiene efectos beneficios tanto a nivel físico como psicológico. Dormir bien es fundamental para nuestra salud y echar una siesta de diez a veinte minutos (nunca más para no entrar en fase REM, ya que el sueño profundo a estas hora del día no aportaría tantos beneficios) es ideal para despejar la mente, relajarse y recargarse de energía, cuestiones que suelen tener una repercusión directa sobre la piel, previniendo los signos de fatiga y el envejecimiento prematuro. Esta costumbre “tan nuestra” hace mucha gracia a todos los extranjeros que visitan nuestro país. Algunos tratan de incorporarla a su hábito, pero lo cierto es que no termina de cuajar.

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Tratamos de mantenernos delgadas

En los años 90, la imagen de la mujer delgada y esbelta irrumpió en las pasarelas internacionales calando hondo en la sociedad. Curiosamente, esto no siempre fue así. El arte nos demuestra que siglos antes los cánones de belleza eran muy diferentes. Se admiraba a las mujeres con curvas y redondeces. Afortunadamente, en la actualidad ha dejado de venerarse la delgadez extrema, pero las mujeres siguen tratando de mantenerse delgadas. Mientras tanto, en países como Mauritania está de moda la obesidad. Al contrario del canon de la delgadez instaurado en Occidente, el exceso de peso se ve como una virtud y una cualidad asociada a la belleza.

Queremos lucir una piel bronceada

En España estamos deseando que salga el sol para dejarnos acariciar por sus rayos y conseguir un bronceado bonito. Una piel dorada y luminosa es sinónimo de belleza, salud y bienestar. Esto no siempre fue así. En el siglo XIX la piel bronceada indicaba que trabajabas en el campo y, por tanto, pertenecías a las clases más bajas de la sociedad. Por aquel entonces, las mujeres se resguardaban bajo sus sombrillas para evitar que los rayos del sol oscurecieran su piel. Sin embargo, mujeres como Coco Chanel cambiaron esta percepción allá por la década de los 20 al dejarse ver con la piel morena en los círculos de la alta sociedad. Desde entonces, nos encanta ponernos morenas. Sin embargo, volvemos a Asia para encontrar el contraste. Las mujeres orientales encuentran la belleza justo en el extremo opuesto. Para ellas la belleza se encuentra en una piel de porcelana: pálida, lisa y sin imperfecciones.

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Nos cuidamos con aceite de oliva

El aceite de oliva es una de nuestras joyas gastronómicas por excelencia. En España cocinamos y aliñamos nuestros platos con este oro líquido, mientras en otros países utilizan la mantequilla y todo tipo de salsas, alejándose bastante de nuestra saludable dieta mediterránea. Pero no solo cuidamos con aceite de oliva nuestro interior, sino también nuestro exterior. Este ingrediente tan cotizado también ha llegado a la cosmética, dando lugar a productos de cuidado facial y corporal que previenen la aparición de las arrugas y mantienen la piel flexible e hidratada.

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