Paso a paso

Cómo pelar una calabaza fácilmente

Todos los trucos para hacerlo sin complicarte la vida y todos los secretos para sacarle el mayor partido.

Cómo pelar fácilmente una calabaza paso a paso 1. Meterla en el microondas

Meterla en el microondas

Lo primero que tienes que hacer para poder pelar fácilmente una calabaza es hornearla. Pínchala en varios sitios y métela en el microondas durante 3 minutos más o menos y, luego, déjala enfriar. Si es muy grande, antes córtala a cuartos.

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Sacar las pipas. Sacarle las pipas

Sacarle las pipas

Después de hornearla en el microondas, corta la calabaza en porciones y elimina la pipas y los hilos centrales con una cuchara. Recuerda que puedes aprovechar las pipas. Solo tienes que reservarlas, lavarlas y secarlas. Y hornearlas o rehogarlas. Son ideales para ensaladas, pasteles, panes y galletas.

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Retirar la piel

Retirar la piel

Para quitar la piel, puedes hacerlo con ayuda de un pelador de verduras o con un cuchillo. Como estará más blanda gracias a la cocción en el microondas, casi no te costará retirar la piel de la calabaza.

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Trocearla en porciones

Trocearla en porciones

Por último, solo te queda cortar la calabaza en pedazos más o menos grandes, según cómo vayas a cocinarla. Como guarnición de carnes, por ejemplo, mejor en trozos medianos o grandecitos. Y si es para crema o verduras, cuanto más pequeños sean los dados antes se cocerá.

 

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¿Alguna vez te has enfrentado a una calabaza? Su piel es tan dura que pelarla parece una auténtica misión imposible. Pero tenemos la solución. Con el sencillo paso a paso de nuestra galería de fotos te será mucho más fácil. Y así podrás sacarle todo el partido. Que no es poco.

Cómo elegirla y conservarla

La calabaza es la cenicienta de las hortalizas. Tras su aspecto humilde se esconde una verdadera princesa de la cocina con la que se pueden elaborar infinidad de recetas llenas de sabor, olor y color.

Para elegirla, hay que recordar que, aunque hay variedades de verano, se trata básicamente de una hortaliza de otoño.

Lo primero en lo que hay que fijarse es en la piel. Si es lisa y fina, puede estar un poco inmadura. La mejor calabaza es la de piel gruesa pero intacta, con el pedúnculo, que ayuda a conservar la humedad interna, y un peso elevado en relación al tamaño. Así aguantará varios meses, aunque siempre es mejor consumirla en su punto.

Y para conservarla, lo ideal es un lugar fresco y seco mientras esté entera. Una vez partida, aguanta una semana más o menos, pero tiene que estar en la nevera, cubierta con film de cocina, o guardada en una bolsa perforada.

Infinitas combinaciones

La calabaza se puede comer de muchas maneras: en sopa, crema –como en esta receta que te proponemos–, puré, buñuelos, estofado, en forma de chip, al horno en gajos, como guarnición de una pasta o de un cuscús, como parte de un risotto o como relleno de un pastel de verdura.

Cortada a finas láminas y pasada por la plancha o al horno, puede emplearse como base de una lasaña. Está riquísima en pasteles, ya sean tipo pudin o plumcake, o una tarta con base de masa quebrada. Y también se puede comer cruda: por ejemplo rallada en una ensalada o como parte de un batido crudívoro.

Casa bien con pasta, arroz, patatas, cuscús, bulgur, quinoa, legumbres... También con quesos, suaves y fuertes; frutas como la naranja, la manzana, la pera y el mango; o semillas y frutos secos, como el sésamo, las pipas de girasol, la almendra, el pistacho, la avellana, la nuez o los piñones. Combina con cebolla, puerro, calabacín, nabos, coliflor, tomate... Y está buenísima con setas, sobre todo con boletos o ceps, níscalos y rebozuelos.

Para condimentarla, le sientan bien la cúrcuma, el jengibre, el azafrán, la cayena, las pimientas… todo lo ligeramente picante. Y el ajo y la salsa de soja también le van.

Está deliciosa como mermelada a base de pulpa de calabaza corriente, azúcar y aromas al gusto. Se puede usar como dulce, como acompañamiento de carnes y verduras, o en salsas diversas. Y casa de maravilla con queso.

Cómo cocinarla

La cocción de la calabaza es bastante rápida, aunque las variedades de invierno suelen requerir más tiempo.

  • Si se cuece al horno, queda al punto en unos 25 minutos. Pero conviene taparla para que no quede reseca. Puede aliñarse con ajo, anchoas, pimienta negra, salsa de soja u orégano, y usarse como entrante o como guarnición.
  • Al vapor, queda jugosa y se preservan más sus vitaminas.
  • Para cocinar una crema de calabaza, se sofríe con puerro y cebolla, y se cubre con agua o caldo suave. Luego se tritura con un poco de aceite de oliva y se sirve condimentada con curry y almendra picada, por ejemplo.
  • Si se quiere preparar una compota o un puré de calabaza, se cuece sin agua o se hornea.
  • El risotto se prepara con cebolla como base, se le añade un poco de calabaza asada hecha puré y se acompaña con dados de calabaza salteados.
  • Para obtener chips, se pela la calabaza y se corta fina, se deja con sal unos minutos, se seca y se fríe hasta que quede crujiente. Se puede aderezar con cúrcuma, pimentón o cinco pimientas.
  • Y si quieres aprovechar las semillas, lávalas, sécalas y tuéstalas ligeramente al horno suave. Las puedes aderezar con cayena, pimienta o sal. Otra opción es remojarlas unos minutos con agua y sal marina, escurrirlas y tostarlas a fuego lento hasta que queden crujientes, sin dejar de remover. Son ideales para ensaladas, pasteles, panes y galletas.

Un tesoro nutritivo

Entre otras muchas propiedades, la calabaza es digestiva y ligera, ya que tiene muy pocas calorías. En su composición destacan los carbohidratos, así como un elevado porcentaje de agua, lo que hace que sea un alimento ligero y nutritivo al mismo tiempo, y muy recomendable cuando se quiere adelgazar. Además, por su alto contenido en fibra no solo ayuda a regular el tránsito intestinal y combatir el estreñimiento, sino que ejerce cierto efecto balsámico sobre el aparato digestivo.

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