Ser feliz con Rafa Santandreu

"Soy muy celoso, ¿qué puedo hacer?"

Cuando te das cuenta de que no hay nada que temer en la infidelidad es cuando dejas de envenenarte con los celos.

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Reconozco que soy muy celoso. No soporto, por ejemplo, que mi novia haya tenido otras parejas en el pasado. Ahora vivimos en su pueblo natal y hay tres tipos con los que tuvo relaciones. Cuando nos los encontramos, siento un mal rollo brutal y deseo que nos vayamos a vivir a otro lugar. Entonces no puedo evitar armarle un pollo del que luego me arrepiento.

Los celos de pareja son iguales que los celos de un niño de seis años al que le dicen que va a tener un hermanito. Los padres suelen combatir su negatividad asegurándole que:

  • a) Habrá amor para todos.
  • b) Su hermanito se convertirá en un gran compañero de juegos y quizá en su mejor amigo.

Lo mismo hemos de hacer con los celos adultos. Darnos cuenta de que nuestra pareja podría tener una aventura sexual y eso no tendría por qué cambiar su amor por nosotros. Incluso si el affaire fuese sentimental.

El amor no tiene límites

Si nos damos cuenta de que no hay nada que temer en la infidelidad, no experimentaremos celos.

Independientemente de que tengamos un acuerdo de monogamia o no, siempre podemos dejar de ser celosos si logramos imaginar que nuestra pareja echa una cana al aire y nosotros somos igualmente felices.

Sé que para mucha gente imaginar este tipo de relaciones es muy difícil, porque choca contra sus principios morales, pero si queremos dejar de experimentar celos no hay otra forma de hacerlo.

En un mundo ideal, podríamos estar casados y tener todos los affaires del mundo. Muchas sociedades así lo entendieron y no hubo el menor problema. Por ejemplo, en las islas del Pacífico, antes de la llegada del hombre blanco, en el siglo XVIII. Los tahitianos hacían el amor de manera muy promiscua, en cohabitaciones dulcemente armoniosas.

Acumula todos los argumentos posibles en favor de la promiscuidad en pareja y dejarás de ser celoso. Pero te advierto de que te tendrás que aplicar a fondo. En mi experiencia como psicólogo, el trabajo con personas celosas siempre ha requerido mucho esfuerzo. Pero la recompensa es importante: poder tener una relación armoniosa, sin el oscuro veneno de los celos.

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