Ser feliz con Rafa Santandreu

"Fallo en mis compromisos"

Es muy común, postergamos y luego nos sentimos mal al no cumplir nuestros objetivos. Con estas sencillas reglas lograrás hacer lo que te propongas.

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Soy una persona que posterga, que duda en demasía… Y todo ello hace que no cumpla mis sueños ni mis objetivos. Tengo 30 años y me doy cuenta de esto ahora, pero no sé cómo cambiar.

Lo que te pasa es bastante común. Tanto que John Lennon escribió en una de sus canciones: “La vida es eso que nos sucede mientras soñamos con hacer otras cosas”. Pero por supuesto que puedes cambiarlo.

Las reglas de oro para cumplir tus objetivos

Se trata de que, a partir de ahora, ganes compromiso contigo misma. En mi libro Las gafas de la felicidad, explico que en la vida es muy importante respetar “las dos normas del abuelo Rafael” –el mío–. Él decía que era esencial:

  • Hacer lo que uno ha dicho que iba a hacer.
  • Acabar lo que se empieza.

Es fundamental que hagas tuyas estas reglas o, de lo contrario, las emociones negativas se apoderarán de ti: la duda, el temor, los nervios. Las personas tenemos que domesticar estas emociones como se educa a un niño muy pequeño que arma pataletas. Simplemente, hemos de hacer caso omiso a sus chantajitos y seguir con el plan previsto. Poco a poco, las emociones negativas van disminuyendo y nos vemos libres para cumplir nuestras decisiones.

Yo, por ejemplo, jamás hubiese escrito un libro –y ya llevo tres– si no hubiese sido porque “acabo lo que empiezo”. Siempre que me pongo con un nuevo texto, mi mente me dice: “¡Esto es un desastre!”, “Déjalo y haz otro tema mejor”, etc. Me entran ganas de tirar a la papelera de reciclaje las primeras páginas, los primeros capítulos… Pero no me lo permito. Me obligo a mí mismo a seguir hasta acabar con un primer objetivo. Luego, una vez cumplido, ya me plantearé otra cosa.

Oblígate a partir de ahora a cumplir tus decisiones. Tómalas pues con tiento porque, suceda lo que suceda, tendrás que acabar lo empezado. Y verás cómo las dudas y los temores van disminuyendo en tu vida porque, si no les haces caso, se hacen pequeños. Si corres ante ellos, se convertirán en un perro grande que te seguirá allá donde vayas.

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