Me duele el sexo anal

A mi pareja le gusta el sexo anal, pero a mí me duele horrores. Además, me aterra que huela mal... Cuando lo practicamos, solo espero que él termine pronto. ¿Qué puedo hacer?

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Mi pareja ama tener sexo anal, pero a mí me duele horrores. Además me aterra que pueda expulsar caca y el mal olor. Tengo que llevar muy lejos mi mente esperando a que él termine pronto. ¿Hay forma de aligerarme el mal momento?

Tranquila que sí que hay formas, pero lo primero que quiero que te quede claro es que toda práctica sexual en la que nos integramos debe cumplir dos reglas: no debe causar daño ni físico ni emocional y debe generarte placer y excitación. Grábate que bajo ningún concepto debes pasarlo mal: el encuentro sexual debe ser fuente de bienestar, comunicación, iluminación, integración con tu cuerpo y un montón de maravillas. Sé que quieres darle el gusto pero debes asegurarte de que sea disfrutable para ti. Así que empecemos por ello, que en este caso se basa al 100% en la preparación.

Empecemos. Tu cavidad anal y recto ni se lubrican ni se distienden como efecto de la excitación. No se integran a la respuesta sexual; no le pasa ni a las que les encanta este tipo de penetración. Por eso, si él llega de buenas a primeras a penetrarte, no te gustará. Pero, buena noticia, los músculos radiados o sea –esos pliegues que forman tu ano–, tienen muchas terminales nerviosas que pueden generar placer. Además, se dilatan a través de masajes que generan sensaciones ricas y te preparan para la penetración. Por ahí debe empezar tu pareja.

Bajo ningún concepto debes pasarlo mal en el sexo: cualquier práctica debe generar placer y excitación

Pídele que masajee circularmente y muy lento, con un lubricante con base de siliconas (que es mejor para estos casos por el espesor y duración), solo la parte de afuera, sin penetrar. Debe comenzar de la circunferencia al centro, desde la piel que rodea al ano hacia el centro, donde está la abertura anal. Conforme vayas sintiendo una sensación agradable y sea notorio que hay una dilatación, puede probar introduciendo po-co-a-po-co (que no se apresure) un dedo, luego otro. También pueden probar con dilatadores especiales que tienen distintos calibres, los venden en sex shops.

Si desde ese momento hay dolor, debe masajear más y más. Y si te ha parecido agradable, entonces debe colocar una buena cantidad de lubricante con base de siliconas en su pene (de preferencia con condón porque el recto es la vía uno de contagio de infecciones sexualmente transmisibles), y entonces comenzar por penetrar ligeramente y a un ritmo lentísimo, primero con el glande, y así avanzando a una profundidad que te parezca agradable. Puede ir aumentando el ritmo y ya verás cómo cambia la cosa.

La sensación puede ser intensa pero no dolorosa y el placer viene principalmente por la estimulación de las terminales nerviosas del ano, ya que a diferencia de los hombres, que tienen a un paso del recto la glándula prostática, o sea, lo que vibra cuando llegan al orgasmo, en nuestro caso no se estimula más que la pared posterior de la vagina que colinda con el colon, pero en la cual no tenemos mucha sensibilidad. Recuerda que lo que a nosotras nos lleva al clímax es el clítoris, cuyos tallos internos están cerca a la pared anterior (la que da cara para el frente) de nuestra vagina. Pero hay mujeres que disfrutan mucho.

Eso sí, ¡ojo!, que no por esto debe gustarte. Puedes experimentar algunas ocasiones todo el proceso y probar, pero es posible que aunque armes todo el numerito, no te cause placer. Es posible que no sea parte de tus mapas y —repito— no hay justificación para aguantarte ni sacrificarte porque a él le guste.

Pueden haber escapes fecales porque es su vía de salida natural. Sí que puede pasar que, si había algo ahí pendiente, salga; porque se estimula el recto y hay ocasiones en que no se puede controlar. También su pene puede mancharse. Hay para quien ‘es parte de’ y le parece natural, nada vergonzoso; pero sí puede ser incómodo. En estos casos, se sugiere ir al baño antes, no haber comido demasiado o, ya en plan muy profesional, aplicar una ducha anal. Las venden en sex shops, y no son como las lavativas de farmacia en las que se introduce mucha agua y se retiene. Estas duchas envían un chorro intenso que lava a presión las paredes del recto, no todo el intestino, para después evacuarlo. Y algunos fabricantes se han puesto creativos y les ponen protuberancias a modo de dilatadores que pueden ayudar en la preparación. Ya decidirás.

Prueba, ábrete a la experiencia sin juicio ni miedo y ya decidirás si termina siendo de tus prácticas favoritas o mejor la descartas. Pero tú tienes la última palabra.

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