¡Ese ruido! Ranking de sonidos odiosos

El 26 de abril es el Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido y yo voy a celebrarlo a mi manera, haciendo una selección de los sonidos más molestos por los que más de una vez mataría… ¡al menos mentalmente!

ruido dark girl

El último miércoles de abril se celebra el Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido con el objetivo de hacernos pensar en la contaminación acústica y en cómo nos afecta. Aunque lo primero que podría venirte a la cabeza es el ruido del tráfico o de las obras, hay sonidos que oímos cada día y que nos van alterando poco a poco, sin darnos cuenta. Si tus niveles de estrés son preocupantemente altos y ni estos trucos consiguen hacer que te relajes, deberías seguir leyendo…

Y es que este año lo voy a celebrar a mi manera, seleccionando aquellos ruidos, ruiditos y sonidos molestos por los que he matado (de pensamiento) más de una vez.

Un estudio de la Universidad de Northwestern ha revelado que las personas más sensibles a estos ruidos cotidianos suelen ser más creativas e inteligentes, así que imagino que yo debo de ser un genio porque los sonidos (¡y malas costumbres!) de esta lista me enervan hasta el infinito.

1. Las canicas. Los hijos de mis vecinos del tercero deben de pasarse el día jugando a las canicas porque si no no me lo explico. Sea la hora que sea escucho el repicar de estas bolas de cristal en su suelo (mi techo). A las 8 de la mañana, a la hora de la siesta, después de las noticias de la noche... Está muy bien recuperar los juegos de antaño, pero ¿no pueden jugar a la Play como todos?

2. La lavadora a las 3 de la madrugada. En serio, siento que trabajes de noche, pero me parece de tener en muy poca estima a esta, nuestra comunidad. ¿Por qué no esperas a poner la lavadora por la mañana? Despertarse a las 3 de la madrugada en medio de un centrifugado nuclear mezclado con el aterrizaje de un Boeing 747 no mola.

3. Comer con la boca abierta. Un clásico. ¿Es que a esta gente nadie le ha enseñado a masticar con la boca cerrada? Ni quiero ver qué estás triturando con tus dientes, ni me apetece escuchar tus ruiditos de rumiante.

4. O masticar chicle. Si odio con todas mis fuerzas a aquellas personas que hacen ruido al comer, lo de masticar chicle con la boca bien abierta y ese “chap, chap, chap” me supera. ¿No prefieres un caramelo?

5. Sorber la sopa. Por algo puse la sopa en uno de los platos prohibidos en una primera cita. No puedo imaginar nada más asqueroso y antimorbo que estar en una cita y que mi acompañante tome la sopa haciendo más ruido que una aspiradora. No sigas. Next.

6. El llanto de un bebé. Llámame mala persona, pero no, a mí no me parece bonito el llanto de un bebé. Sí, hay que celebrar la vida, pero no tengo por qué aguantar los gritos histéricos de un niño caprichoso al que no se le ha comprado ese chupa-chups o que se ha quedado con las ganas de montarse en el tiovivo. Entiendo que hay veces que no se pueden controlar, pero hay niños que han nacido para hacer un drama de todo.

7. Ronquidos. Todo el día trabajando, de arriba abajo, has ido a la compra, al gym y además te ha dado tiempo de hacerte la manicura. Llegas a la cama buscando el tan merecido descanso nocturno, pero tu compañero/a de cama no va a ponértelo fácil. Da igual que utilices tapones, que le pongas las tiras mágicas en la nariz, que chasquees la lengua para que pare o que te muevas como si tuvieras pulgas en las piernas, los ronquidos no pararán. ¿La solución? Vete a dormir al sofá. No hay término medio. Es la única manera de evitar salir en las páginas de sucesos.

8. Taladro, martillazos o similar el domingo por la mañana. Y si con el de la lavadora no tenía suficiente, ¿qué le pasa al vecino del quinto con el taladro? ¿No hay otro momento para colgar los cuadros que un domingo a las 8 de la mañana? ¿No puedes esperar a las 11, verdad?

9. El reggaetón en el metro. Los swags son los abanderados de esta nueva moda. Llevar el reggaetón o el trap a tope en el móvil mola y lo saben. Si además cantan a grito “pelao”, mejor que mejor (entiéndase la ironía). Mis instintos suicidas alcanzan cotas insospechadas ante esta situación, por lo que siempre acabo bajándome tres paradas antes de la mía… ¡Y luego querrán que vayamos en transporte público!

10. Conversaciones a gritos. A menos que tenga el Sálvame puesto, no me interesa escuchar la conversación de la mujer de al lado. Ni listas de la compra, ni problemas con los de la compañía de teléfonos, ni malos rollos con el jefe. Please, baja el tono o espérate a llegar a casa para desahogarte. El colmo de esto llega con las discusiones de pareja en medio del metro, aunque en ese caso, lo confieso, me quedo escuchando a ver cómo acaba la cosa… Si se matan entre ellos, ¡me ahorro tener que hacerlo yo! Thank God!

11. ¿Sí? ¿Me oyes? ¿Hola? ¿Hola? ¿Manoli? ¿Estás? ¡No te oigo! Pues si no oyes, cuelga. ¿Te hacen falta 5 minutos para ver que la llamada se ha cortado? Esta situación me pone negra y, si encima va unida al punto 10, implosiono.

12. El reloj de cuco. De cuco, de campanitas o el clásico tictac infernal. Cualquier reloj que dé la hora más alto de lo normal, debería estar prohibido. Las ganas de matar son directamente proporcionales a la cercanía o lejanía de este objeto. En mi caso, cada noche es Nochevieja, y ya solo faltan Anne Igartiburu y Ramón García en casa de mi vecina octogenaria para darme la bienvenida al nuevo año.

Y en tu caso, ¿cuál es el ruido por el que “matarías”?

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