Podría ser peor

A dieta tampoco se está tan mal

He decidido empezar el año poniéndome a dieta. Además, para terminar de completar mis buenos propósitos, también me he apuntado al gimnasio.

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Me he puesto a dieta. Sí, a pesar de mi amor incondicional por los hidratos en forma de pizza, he decidido ponerme a dieta. Pero no una dieta cualquiera. No es una de esas dietas en las que solo comes hojas verdes procedentes de una cueva de Alaska a la que solo puedes acceder si cazas un unicornio y le cantas 3 veces La Bicicleta para que llore sus lágrimas sagradas. No, no es una de esas. Tampoco es una de esas locuras en las que solo está permitido beber jugo de alcachofa de 7 a 8 de la mañana mientras te pones a la patacoja y bailas Como una ola, de Rocío Jurado. No, tampoco.

Nada de rituales paganos ni bailes bajo la lluvia para conseguir adelgazar unos míseros gramos. Tampoco es necesario vender el alma al diablo para lograr un tipín más o menos decente. Aquí lo que cuenta es la fuerza de voluntad y la constancia.

No voy a repetir los tópicos que nos vienen a la cabeza cada vez que alguien nos dice que está a dieta porque, sinceramente, "no es tan horrible como me esperaba". Lo pongo entre comillas porque obviamente aún estoy en la fase de soñar con nuggets, croquetas, platazos de pasta rebosantes de parmesano, sandwiches infinitos bañados en mayonesa y pinchos monumentales, pero no pasa nada, voy a conseguir mi objetivo. Las ensaladas, verduras y cosas a la plancha van a convertirse en mis mejores amigos, o al menos... eso espero.

Y como los buenos propósitos nunca llegan solos, también me he apuntado al gimnasio. No se de dónde voy a sacar la fuerza de voluntad para embutirme dentro de esas mallas ajustadas y poner rumbo al gym pero lo intentaré con todas mis lorzas. Y hablando de mallas... esa lycra... esas prendas ajustadas hasta decir basta... de esto os hablaré próximamente porque también tiene tela, nunca mejor dicho.

No os voy a engañar, en estos 3 días que llevo a dieta me he despertado las 2 noches presa del pánico al verme devorada por una gran hamburguesa triple, con cheddar, beicon y huevo frito. Por suerte, todo era un sueño. Por desgracia, no pude comérmela.

De momento mi humor sigue siendo de perros y no le encuentro la gracia a esto de la dieta pero bueno, como diría Gloria Gaynor, I Will Survive. Ya os iré contando.

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