¡Huye de ellas como si no hubiera mañana!

Cómo reconocer a las cuñadas "revienta dietas"

Es ponerte a dieta y aparecer, como por arte de magia, la típica cuñada pesada. Ese ejemplar que te informa de lo malísima que es tu dieta. Te doy las claves para reconocerla.

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Ya sabéis que llevo un par de semanas a dieta y, de igual forma que vosotras estáis al corriente, muchos de mis amigos y conocidos también. En estos días he tenido que aguantar frases, comentarios y “lecciones” de todo tipo y he podido observar que hay distintos tipos de personajes merodeando a tu alrededor cuando empiezas una dieta.

Aunque próximamente compartiré con vosotras el listado completo de personajes, hoy quiero hablaros del peor. Me refiero, cómo no, a las CUÑADAS MALVADAS, también conocidas como “las revienta dietas”.

Porque esto es un hecho científico: es ponerte a dieta y aparecer, como por arte de magia, la típica cuñada pesada. Ese ejemplar de amiga coñazo que te informa de lo malísima que es tu dieta. Tengo hambre y poca paciencia, así que por mí deberían irse al cuerno en tropel.

Y es que, después de cerrarle la boca a tu cuñada/amiga pesada en Navidad a base de zascas elegantes, viene con ganas de marcha. Ellas saben de todo y han probado todas las dietas. Todo lo que tú vayas a probar, ellas ya lo han hecho 20 veces antes que tú. Si hoy has conseguido hacer 5 abdominales seguidas sin vomitar, ellas te contarán que en su época dorada hacían 1.523 abdominales sin parar. ¡Já!

Además, te aconsejarán sobre cómo combinar los alimentos, cuáles son las mejores marcas de yogures, dónde están las acelgas más baratas y cómo debes cocinar esa berenjena para que quede SÚPER sabrosa sin una gota de aceite, ni sal, ni nada de nada. Porque querida amiga, ella lo sabe todo. Es cocinera, dietista, entrenadora personal, psicóloga, madre, hija y espíritu santo. TODO. Mantente alejada de ella si no quieres que tu fuerza de voluntad se diluya entre un mar de pescado a la plancha, brócoli hervido e infusiones varias.

Si detectas a una cuñada antidieta, huye. Sin mirar atrás. Déjala con la palabra en la boca sin ningún remordimiento, porque si no acabarás deseando una tapa de bravas, chocos y calamares sin darte cuenta. Así a grandes rasgos, estas son las claves que te ayudarán a reconocerla y a poder escapar de ella a tiempo:

  1. Siempre te preguntan si te has hecho un análisis de sangre previo. Te asustan con que tu dieta te dejará sin queratina, por lo que te quedarás más calva que Anasagasti. Por no hablar de los riñones. Te vaticinan un descalabro tras otro, con el único rigor que les otorga el caso de la amiga de una amiga que acabó en diálisis “te lo juro, te lo juro”.
  2. Les encanta amenazar con el efecto rebote. Pronostican un latigazo de la báscula después de tu época de esplendor. Y además, las muy cenizas, insisten en que un platito de guisantes te engordará como a ellas un cordero.
  3. “Cara o culo”. Cuando estás divina de la muerte y se les escapa la envidia por las comisuras, te sueltan eso de: “La cara se te ha quedado…”. Y lo dicen poniendo jeta de acelga. Ni caso.
  4. Su objetivo es llenarte la boca. Se pasan todo el rato ofreciéndote bizcochos, “una croquetita nada más, mujer” y todo tipo de viandas a cuál más grasienta. Alguna vez he llegado a pensar que van a comisión. Y tú, con unos ruidos en el estómago que pareces un dragón, salivando a todo trapo. Es insufrible.

¿Mi consejo? Huye de las cuñadas antidietas. Huye sin decoro y sin educación, porque la cosa puede terminar mal. Bastante duro es ya estar a dieta como para encima tener que aguantar a estas pesadas.

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