Salud

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Cómo afecta el clima a tu salud

Cada vez hay más estudios que demuestran que el clima afecta a nuestra salud. Descubre qué hay de cierto en los dolores asociados a la lluvia o el frío y cómo influyen los fenómenos atmosféricos en tu día a día.

cómo afecta el clima a tu salud

“Me duelen las rodillas, eso significa que va a llover”. ¿Cuántas veces habrás escuchado esta frase? Por muy raro que parezca, esta queja podría tener base científica, y es que el clima afecta directamente a nuestra salud.

Tormenta, asma y alergia

La primavera, la sangre altera… ¡y también a los alérgicos! Durante las tormentas primaverales que van acompañadas de viento y carga eléctrica, suele haber más brotes de asma y se intensifican los síntomas de los alérgicos al polen. El viento hace que aumenten las concentraciones de polen y el aparato eléctrico de la tormenta rompe los granos de polen, provocando su diseminación.

La lluvia limpia la atmósfera y provoca un descenso de los niveles de polen

Cambios de tiempo, más dolor de cabeza

Un estudio publicado en el Headache Journal reveló que el 61% de las personas con migraña relacionaban el clima con su dolor de cabeza. Por lo tanto, hay a quien le afecta el clima y a quien no. Y, encima, a los que sí les afecta no siempre coinciden en qué se lo causa.

El calor dilata venas y capilares, y el frío los contrae. Por eso la alternancia frío-calor puede desencadenar una migraña. También se debe a que los cambios en la presión atmosférica provocan alteraciones en la cantidad de oxígeno que llega al cerebro, lo que daría lugar al dolor.

Presión, ¿baja o alta? Pues depende de a quién se lo preguntes. Unos creen que es la presión baja, que interrumpe el sistema vestibular, el que nos ayuda a mantener el equilibrio, y provoca mareos y migraña. Pero otros aseguran que es la alta.

Calor intenso, calambres, lipotimias e irritabilidad

Las altas temperaturas hacen que sudemos más, y con el sudor perdemos agua y sales minerales. Como consecuencia, si hacemos deporte en un ambiente caluroso tenemos mayor probabilidad de sufrir calambres musculares, sobre todo si no nos hidratamos durante el ejercicio.

A eso, súmale una dilatación de los vasos sanguíneos periféricos, lo que provoca una bajada de la tensión arterial que hace que llegue menor cantidad de sangre al cerebro, y por lo tanto, menos oxígeno y glucosa. Eso da lugar a que nos sintamos cansados, mareados y que, en casos más extremos, podamos sufrir una lipotimia.

El calor intenso nos vuelve más irritables

¿Te duelen los huesos cuando hace frío?

En realidad, aunque siempre los señalemos con el dedo, ni el frío ni la humedad son los verdaderos culpables (o no los únicos) de tus molestias, sino la bajada de la presión atmosférica. Cuando la presión atmosférica baja, aumenta la presión en las articulaciones para compensarla, por lo que las personas que las tienen ya afectadas sufren mayor inflamación y dolor. Además, cuando hace frío, el organismo reacciona contrayendo los músculos como mecanismo de defensa.

El viento nos altera

Tanto psíquica como físicamente. El viento puede generar ansiedad, irritabilidad, empeorar la depresión y, según un estudio del Hospital del Mar de Barcelona, cuando sopla de poniente, los episodios de pánico se multiplican por tres.

El viento transporta polen y, si sopla fuerte, se intensifican las molestias de las personas alérgicas

El frío afecta al corazón

El frío favorece el estrechamiento de las arterias, lo que puede propiciar una angina de pecho o accidentes cerebrovasculares (ictus). Además, la exposición al frío hace aumentar la viscosidad de la sangre, lo que aumenta la formación de coágulos y el riesgo de trombosis. Por si todo esto fuera poco, el frío favorece el aumento de infecciones respiratorias, y precisamente estas son la principal causa de descompensación de una patología cardíaca.

Frío seco, más dermatitis y asma

Como advierte la Academia Española de Dermatología y Venereología, el frío seco, los cambios bruscos de temperatura y la calefacción favorecen la deshidratación de la piel, lo que empeora enfermedades como la dermatitis atópica, los eccemas o la psoriasis. También, con el aire frío y seco las vías respiratorias se contraen, lo que provoca un empeoramiento de las crisis asmáticas.

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