Familia

¿Qué podemos hacer?

Desmontando al mal estudiante

Padres y profesores se resignan muchas veces ante lo que aparece como irremediable: el chico no da más de sí, no se le da bien la escuela.

desmontando al mal estudiante

“No aprende nada; en clase se aburre, no presta atención; le cuesta seguir el ritmo de los demás”. ¿Quién no ha escuchado, alguna vez, una frase como esta sobre un hijo o alumno? Padres y profesores, con más o menos resistencia, se resignan muchas veces ante lo que aparece como irremediable: el chico no da más de sí, no se le da bien la escuela. Es un mal estudiante.

El último informe PISA, de 2015, habla de un fracaso escolar, en términos generales, de un 24%, situando a España entre los primeros países. Frente a este problema crónico de los sistemas educativos, nos encontramos con una tendencia clara, la de asumir la tasa de fracaso escolar como algo invariable; en definitiva, un porcentaje de gente incapaz, condenada a atravesar el sistema educativo a marchas forzadas.

"El chico no da más de sí, no se le da bien la escuela. Es un mal estudiante."

El mito de la inteligencia como don natural

“Yo no servía para estudiar”, confiesa Juan P., quien a pesar de tener hoy trabajo, arrastra en forma de frustración una herida que se le abrió en la escuela, porque en ese lamento subyace la idea de que la inteligencia es un don innato, como si la capacidad de estudio fuera algo connatural a una persona, una gracia adquirida desde el nacimiento. ¿No estamos eludiendo el problema al etiquetar como incapaces a aquellos jóvenes que tienen dificultades escolares?

Pasamos gran parte de nuestra infancia y juventud en el colegio, un espacio determinante en la construcción psíquica de una persona. Sin embargo, cuando la experiencia de la escolaridad se torna en sufrimiento, fracaso y frustración, se achaca al alumno de una incapacidad personal. De esta tendencia ya nos prevenía el sociólogo francés Pierre Bourdieu al denunciar el mito de la inteligencia escolar como un don natural. La capacidad de un joven para responder a las exigencias escolares se desarrolla socialmente en el ámbito familiar y, sobre todo, en el aula. En definitiva, la inteligencia se construye.

Los niños son seres en formación y las etiquetas les inmovilizan

¿Y si la etiqueta de ‘mal estudiante’ sirviera, no solo para desentenderse de las verdaderas causas del problema, sino que también las reprodujera? Como analiza la psicoanalista y psicóloga Isabel Menéndez, “los niños son seres en formación y las etiquetas les inmovilizan. No se respeta la singularidad, se etiqueta para no reflexionar sobre la complejidad de los problemas. Cuando los hay, se quitan al niño de encima. Sin embargo, el sistema educativo debería aprender de los malos estudiantes”. Albert Einstein, Stephen Hawking o Winston Churchill, por ejemplo, lo fueron.

En Francia, este debate está más abierto que nunca. En el documental Malos estudiantes, estrenado recientemente, los antiguos alumnos que padecieron este estigma toman la palabra. Testimonios elocuentes que son la prueba de que algo en el sistema educativo va mal, como el de Agathe S., “yo quería aprobar, no quería tener malas notas. Tenía mucho miedo y ese miedo todavía sigue en mí”, o el de Philippe G, hoy biólogo molecular, quien pone el dedo en la llaga: “Lo que me hubiera gustado escuchar por parte del profesor es, ‘puedes conseguirlo, estamos aquí para ayudarte’”.

"Es necesaria la empatía y educar en sensibilidad."

César Bona, maestro de Educación Primaria y nominado en 2014 al Global Teacher Prize, del que quedó finalista, aventura una respuesta: “El profesor debe ser “oreja”, escuchar a los alumnos y a los padres. Es importante que conecte con los niños para saber cómo se sienten y viven en cada momento. Y para ello las notas no pueden ser la meta. La educación es mucho más que recabar datos. Es necesaria la empatía y educar en sensibilidad”.

¿Qué pueden hacer los padres?

  1. No aceptar la etiqueta de mal estudiante. Hay que entender que los malos resultados académicos son el síntoma de un conflicto que hay que investigar. Si nos limitamos a definir al niño como mal estudiante, se le acaba condenando a serlo.
  2. Adelantarse al problema. El bajo rendimiento escolar no aparece de un día para otro. Los síntomas de que algo no funciona bien comienzan desde temprana edad. Hay que estar atentos para abordar las dificultades por las que atraviesa el alumno.
  3. Tenerle en cuenta. Es importante escuchar al niño como uno más, hacerle partícipe del problema y que se sienta implicado. En su voz encontraremos las claves del conflicto.
  4. No sobrevalorar las notas. Los resultados escolares tienen su importancia, pero no lo son todo y en absoluto definen la inteligencia y la capacidad del alumno. La sobrevalorización de las notas responde muchos veces al cierto narcisismo inconsciente por parte de padres y profesores.
  5. Trabajar en equipo. Es fundamental la colaboración y comunicación fluida entre padres, profesores y alumnos para abordar los problemas que conlleva el aprendizaje. No es bueno dejar a los niños solos, hay que involucrarse activamente en la vida escolar.
  6. Reforzar si hace falta. Hoy en día, afortunadamente, existe un gran abanico de vías complementarias para el apoyo de aquellos alumnos con problemas escolares. Psicólogos, logopedas, y diferentes especialistas de la enseñanza pueden funcionar como grandes aliados.

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