Cuerpo

¿Es verdad que...?

¿Una inocente ducha puede dañar mi piel?

Algo tan aparentemente inocente como una ducha puede ser el culpable de que tengas la piel seca, tirante y/o con flacidez. Te damos las claves para que este gesto cotidiano sea beneficioso y no perjudicial para tu piel.

ducha dañar piel

La higiene diaria es necesaria y muy recomendable, por supuesto, pero siempre que se tengan en cuenta unas normas básicas y precauciones para no dañar nuestra piel, el órgano más extenso y frágil del que disponemos.

1. Una ducha al día es suficiente

Nos levantamos y antes de salir de casa toca darnos esa ducha que, junto con el café, nos “pone las pilas” para afrontar el día. Terminamos de sudar en el gimnasio y otra visita a la ducha. Y por qué no, llega la noche, y otra cita bajo los chorros del agua para irnos a la cama relajados y conseguir descansar. ¡STOP! Duchas sí, pero solo una al día. El exceso de higiene altera el pH de la piel y debilita su sistema inmunitario.

2. Las duchas largas generan sequedad

Nos encanta esa sensación que produce el agua cayendo sobre nuestra piel y siempre nos quedaríamos un ratito más bajo el chorro. Pero una ducha muy larga, de más de 15 minutos, deshidrata la piel, dejándola más seca y áspera. Si no te lavas el pelo, con 5 minutos es suficiente (incluso con 3). ¡No abuses!

3. El agua muy caliente provoca flacidez

Y si tienes varices, empeora su estado. Aunque sea invierno y fuera haga un frío que pela, evita las duchas con agua demasiado caliente. La ducha, mejor tibia e, incluso, sería recomendable acabar con una pasada rápida de agua fresquita, desde los tobillos hacia arriba, para activar la circulación.

4. El gel o jabón reseca la piel

Por suave que sea, utilizar demasiado jabón elimina parcialmente el manto hidrolipídico que protege la piel, así que modera la cantidad. Y, si es necesario, aplícalo solo en las zonas del cuerpo que lo necesites. Si tienes la piel seca, el jabón, al tener un pH alto, puede afectar negativamente a la capa más externa. Apuesta por los geles sin sulfatos y que contengan activos hidratantes. Te ayudarán a mantener a raya la sequedad de tu piel.

5. Mejor no usar esponjas para evitar infecciones

Las bacterias y los gérmenes ¡las adoran! La esponja puede hacer que tu piel sea más susceptible a las infecciones. Aplica el gel directamente con la mano. Y una vez a la semana usa un guante de crin o cepillo para exfoliar la piel y eliminar las células muertas.

6. Después de la ducha, secado a conciencia

Llega el momento de poner fin a la ducha y le toca el turno a la toalla. Nada de una pasada rápida y listo. Tómate tu tiempo, sobre todo en axilas, ingles y pies, ya que la humedad favorece las infecciones de hongos. Al utilizarla, no frotes. Es mejor para tu piel secarla con pequeños toques.

7. La toalla no se comparte

Olvida lo de prestar tu toalla a nadie o pedirla prestada. Puede ser una fuente de contagio de enfermedades cutáneas. Por más inofensivas que parezcan, las toallas están llenas de restos de piel y vello, y cuando están húmedas pueden ser el escondite perfecto para las bacterias. Además, es recomendable tener una para el rostro, distinta a la del cuerpo.

8. Hidratar a fondo la piel

Después de secarnos es imprescindible una buena hidratación. Si quieres que tu piel no se seque o se descame, conviene que te apliques a diario una loción corporal. No te saltes esta fase, ya que así reconstruirás su manto hidrolipídico protector y mantendrás la piel hidratada.

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