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Cómo cuidarte en invierno

Rojeces en la cara, piernas hinchadas, manos siempre frías... Reconcíliate con tu piel este invierno cambiando algunos hábitos y siguiendo nuestros sencillos consejos

mujer belleza piel invierno

Las bajas temperaturas suelen hacer "estragos" en nuestra piel... y en nuestro cuerpo. Si no quieres que las rojeces hagan acto de presencia en tus mejillas y parecerte a Heidi o que tus piernas se conviertan en dos columnas por culpa de la mala circulación, adopta las siguientes precauciones.

1. Acabar con las rojeces de la cara

Es más frecuente en personas de piel clara y suele aparecer a partir de los 30 años. Los eritemas en los pómulos son, en ocasiones, el preámbulo de la rosácea. Con los cambios bruscos de temperatura (pasar del frío de la calle al calor de la calefacción en sitios cerrados), se agrava y a las rojeces les acompaña una sensación de ardor y congestión.

Los mejores remedios. Además de las cremas desensibilizadoras que puedes encontrar en las farmacias, el láser decolorante pulsado ofrece excelentes resultados. Solo son necesarias de 2 a 3 sesiones y cada una de ellas cuesta unos 200€.

2. Aligerar las piernas

El frío invita a llevar prendas ajustadas –como los skinny jeans– para entrar en calor. Sin embargo, la Fundación Española del Corazón advierte que su uso continuado puede dificultar la circulación sanguínea y provocar retención de líquidos o la aparición de arañas vasculares.

Tú puedes hacer mucho. Aparte de no vestir siempre muy ceñida, intenta no ganar peso y procura hacer ejercicio o andar todo lo que puedas para mover las piernas y mejorar la circulación. Otra buena fórmula es terminar la ducha con chorros de agua fría, comenzando por los pies y subiendo por los muslos hasta llegar a las ingles y los glúteos.

3. Manos y pies siempre calentitos

La sensación de manos y pies congelados no es solo es culpa del frío ambiental. Podemos tener las manos y los pies fríos –incluso cuando hace buen tiempo– por culpa de la mala circulación.

Masajes e infusiones. Son dos buenos aliados para acabar con este problema. Un buen masaje que favorezca el drenaje linfático (con suaves pases que faciliten el paso de la linfa por los vasos sanguíneos hacia los ganglios) y tomar cada día infusiones de jengibre, canela y ginkgo biloba, que ayudan a mejorar la circulación.

Y si las manos están muy ásperas... Los baños de parafina en el salón de manicura son la solución perfecta para la sequedad, tirantez o rojeces provocadas por el frío, el viento o la humedad propias del invierno.

4. Fuera picores

El picor en invierno suele deberse al ambiente reseco propiciado por la calefacción, aunque si tu piel es atópica o seca es fácil que sea una reacción al frío y a la contaminación.

¡Ojo con el agua muy caliente! Nada de baños prolongados a altas temperaturas. Mucho mejor una ducha con agua tibia. El agua excesivamente caliente reseca mucho más la piel, provocando la aparición de picazón. Y al terminar la ducha, aplícate aceite de almendras o una crema de aloe vera.

5. Evitar la descamación de las piernas

Para la piel seca todo son complicaciones en invierno. Por un lado usamos medias o pantalones que, si no son de tejidos naturales, pueden resecar la piel. Y, por el otro, en esta época a menudo no nos ponemos crema corporal por falta de tiempo y miedo a que se nos pegue la ropa. Resultado: la piel acaba descamándose.

Nutrición a tope. Para solucionarlo, conviene usar geles de ducha extra nutritivos con activos como la glicerina, optar por acondicionadores de piel sin aclarado (funcionan como los del cabello) o aplicar aceites hidratantes en las piernas antes de irte a la cama. Los de jojoba, coco o flor de loto son especialmente nutrientes.

6. Labios sin grietas

Los labios son una zona muy sensible que pierde agua hasta tres veces más rápido que la piel de las mejillas, por eso se resecan y descaman con tanta facilidad.

Suaves y sin pielecillas. Para conseguirlo, sobre todo se debe evitar chuparlos, porque se resecan todavía más. Un bálsamo labial siempre a mano en el bolso es un excelente comodín para mantenerlos hidratados a lo largo del día. Los más hidratantes son los que contienen ácido hialurónico o manteca de karité.

Un buen hábito. Exfoliarlos una vez a la semana ayudará a mantenerlos sanos, suaves y uniformes. Si no tienes exfoliante labial, puedes improvisar uno con un poco de miel y azúcar.

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